Donde está la Marta flamenca?
Sin noticias desde abril.
Y sin embargo, sigo trabajando con mi cabecita puesta en cuanta cosa nueva se me ocurre. Si hay algo que me salva en este país tan frustrante es precisamente éso, que las neuronas me siguen funcionando.
Entonces, mientras mi cabecita siga girando, el flamenco ,aquel que conocí en España y que no quisiera perder jamás de vista, el auténtico, el que no es snob, el que te merece y hasta te busca, el elitista flamenco del pueblo gitano, estará a salvo.
Y ahora, con Inés y los pocos-pero buenos-alumnos que me quedan después de las lógicas decantaciones del tiempo y de la vida , estamos pensando en nuestra próxima muestra, destinada a aquellos que nos han seguido y querido, o , quizás puedo decirlo a título personal, aquellos que me han amado de verdad y no me han usado.
Así yo, como todos los seres humanos que tenemos algo verdadero y trémulo para entregar,me he expuesto a lo largo de mi carrera y sobre todo de mi trabajo, a una larga serie de críticas y leyendas que falsean la verdad y confunden a los ya muy confundidos consumidores de flamenco.
Perdónales , Señor, porque no saben lo que hacen.
Antes, me encantaba polemizar o irritarme. Ahora, simplemente los dejo hacer porque si hay
algo que en la vida siempre no he podido soportar es la inconsciencia.
Se que a lo largo del tiempo la ficha cae y lo que uno ha hecho con amor, queda escrito en el recuerdo de quienes nos quisieron de verdad.
miércoles, 6 de octubre de 2010
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